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MEDITACIONES DIARIAS CON Obispo Barron
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3er Sábado de Adviento

Sábado, 23 de Diciembre, 2017

Lucas 1:57-66

Amigos, el Evangelio de hoy reflexiona sobre la figura absolutamente central de Juan el Bautista. Es justo decir que no se puede realmente entender a Jesús sin entender antes a Juan, razón por la que precisamente los cuatro evangelistas narran la historia del Bautista como una especie de introducción a la historia de Jesús. Juan sintetiza en sí a Israel, y sin este trasfondo israelita la historia de Jesús quedaría poco clara.

La historia del nacimiento de Juan dirige el foco de atención a sus padres, Zacarías e Isabel. Ambos son personajes marcadamente sacerdotales. Isabel es descendiente de la familia de Aarón, del primer sacerdote de Israel, y de Zacarías, que era un sacerdote que servía en el Templo.

Lo importante para nuestros propósitos es que Juan realmente tenía un trasfondo sacerdotal. Pero, ¿por qué cuando escuchamos por primera vez sobre él ya como adulto, lo encontramos en el desierto y no, más bien, en el Templo? Pues bien, existía ya una larga tradición profética de criticar el Templo debido a su corrupción. En tiempos de Juan, el Templo estaba marcado por una política muy compleja, vil y violenta. Siendo esto así, ¿qué hacía entonces en el desierto? Estaba ofreciendo lo que el Templo debía estar ofreciendo y no lo hacía dada su corrupción, esto es, el perdón de los pecados.


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