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MEDITACIONES DIARIAS CON Obispo Barron
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4to Domingo de Adviento

Domingo, 24 de Diciembre, 2017

Lucas 1:26-38

Amigos, nuestro Evangelio de hoy nos presenta a la mayor entre las creaturas, a María, la Madre de Dios. Los Padres de la Iglesia con frecuencia hacen el nexo entre Eva, la madre de todos los vivientes, y María, la Madre de Dios y Madre de la Iglesia. De hecho, veían en ella a “la nueva Eva,” quien revirtió el daño hecho por Eva.

El saludo que el ángel dirige a María es relevante: “Dios te salve, llena de gracia.” María es saludada como alguien capaz de aceptar regalos. Eva y Adán buscaron apropiarse de las cosas, mientras que María está lista para recibirlas. La respuesta de María también es importante: “¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?” María no es en lo absoluto amedrentada.

Y el ángel le explica a María: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra…” En el centro de la vida espiritual se encuentra la convicción de que nuestra vida no trata sobre nosotros. La verdadera vida espiritual implica permitirnos quedar maravillados por aquél que nos ama. María está lista para lo imposible, y esto hace de ella el paradigma del discípulo. “Hágase en mí según tu palabra.” Éste fue su consentimiento para vivir una aventura.


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