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MEDITACIONES DIARIAS CON Obispo Barron
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4to Domingo de Adviento

Domingo, 23 de diciembre de 2018

Lucas 1:39-45

Amigos, en el capítulo undécimo del libro de Apocalipsis, el vidente observa un lugar celestial donde está el Arca de la Alianza: esa caja en la que se guardaban los restos de los Diez Mandamientos, ese signo de la presencia de Yahvé entre su pueblo. Inmediatamente después, escuchamos acerca de una reina que está a punto de dar a luz a un hijo. Mientras tanto, un dragón espera para devorar al niño. La madre y el niño son removidos, y una gran batalla comienza entre Miguel y sus ángeles y el enemigo.

Esta secuencia no es accidental. En el Evangelio de hoy, vemos a María como verdadera Arca de la Alianza. Ella llevó en su propia útero al Verbo hecho carne, la misma presencia de Dios. Cuando visita a su prima Elizabeth, el bebé Juan el Bautista saltó en el vientre de su madre, haciendo su propia versión de la danza de David ante el Arca.

Pero María, como verdadera Arca y Reina Madre de Israel, también es una luchadora. Israel frecuentemente traía el Arca al campo de batalla, y el rey de Israel y su reina madre eran figuras guerreras. María tiene que ver con la guerra espiritual contra poderes y los principados.

Esta terrible crisis que estamos atravesando en la Iglesia Católica ha sido una obra maestra diabólica. Es detrimento al trabajo de la Iglesia en prácticamente todos los frentes. ¿Qué hacemos entonces? Únete al ejército de Cristo, el Rey Guerrero, y María, la Reina Guerrera. Entra en la gran lucha espiritual. Y lucha para arreglar las cosas—no con las insignificantes armas del mundo sino con las armas del Espíritu.


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